No es cierto “que en todos los casos” la administración pública, o entidades privadas derivadas de ésta, den a dedo las ayudas o premios a emprendedores. Conozco casos a los que se les han otorgado distinciones sin tener un padrino, pero los han utilizados como estandartes del nuevo empresario, vamos que los han enmarcados como el ejemplo del “emprendedurismo” (esa palabra tan cool).
Lo que ha conseguido la administración pública, con este tipo de acciones, es lo contrario a lo que pretendían, si pretendían animar a los emprendedores vocacionales a dar el salto claro (a estas alturas de la vida lo desconozco). Ahora el nuevo emprendedor o la persona que quiere poner en marcha un proyecto lo primero que piensa, inducidos por estos casos de éxito, es en las ayudas de la administración. Una empresa que pretenda subsistir de ayudas y subvenciones tienen los días contados. Sólo hay un inicio y si lo utilizas en conseguir ayudas públicas dejarás de lado la tarea fundamental para la que empezaste, tu empresa.
Por eso, después de perder el tiempo en solicitar múltiples premios, me he dado cuenta que el tiempo que he utilizado en esto lo podía haber utilizado en mi empresa. Ese tiempo no lo podré recuperar pero si reacciono podré sobreponerme. Por esta razón he decidido rechazar cualquier subvención pública para activar mi negocio. ¡No rechazo premios!